Cuando tu intimidad fue invadida en demasiadas ocasiones, y te retiras del mundo para no ser desbordado emocionalmente.
Cuando vives tu realidad en tu mente.
Tu formación, conocimiento y la información obtenida nunca es suficiente para pasar a la acción. Y te dices:
‘Debo ser experto en alguna materia de conocimiento.’
Te asusta sobre manera el ser ignorante, tu miedo esencial basado en pensar que nunca sabes suficiente, te lleva a sentirte impotente para vivir en el mundo, expresar y compartir tus emociones, y llega la soledad al refugiarte en tu mundo interior, hasta tener algún conocimiento especial que compartir con los demás.”
Eres el observador.
- Acumulas información, conocimientos pero nunca te encuentras suficientemente preparado para pasar a la acción.
- La realidad compartida con los otros te asusta, te aíslas y prefieres la soledad y tu mundo intelectual.
- La prudencia, la discreción te convierten en reservado y distante. No todas las personas pueden acceder a tu mundo, eres selectivo social.
- La austeridad te permite mantener un alto grado de independencia. También en el ámbito emocional, tacaño en afecto y cariño.
- La curiosidad es tu guía, te gusta investigar, analizar, sintiéndote cómodo en el mundo de las ideas y de lo abstracto.
- Nunca compartes tus sentimientos, emociones y pensamientos más íntimos ya que tu seguridad será puesta en peligro.
- Te gusta que los otros te vean como una persona sabia, prudente y austera. No necesitas nada, ni a nadie.
El miedo a no estar a la altura de las expectativas emocionales de las personas que te rodean, acabas aislándote en la soledad de tu mundo intelectual. Tu deseo más profundo, y muchas veces inconsciente, es llegar a entender el mundo de tu alrededor y poder compartirlo con los demás. Todo ello te lleva a especializarte en profundidad en alguna materia del conocimiento.
¿Y cómo equilibrar esta personalidad y salir del ensimismamiento?
Sal del espacio interior, rompe tu escafandra.
- Reduce tu tiempo dedicado al estudio y la investigación.
- Empieza a compartir tus sentimientos y emociones con las personas más cercanas.
- Contrasta tu mundo con las personas que te rodean.
- Utiliza tu sabiduría para ser más comprensivo y compasivo con los otros.
- No pongas en evidencia a los otros, remarcando su ignorancia o falta de conocimientos.
- Reduce la actividad de tu mente, practica el silencio mental.
- Activa tu cuerpo físico, suda, nota el frío y calor del exterior. Tu cuerpo te permitirá salir de tu soledad.
- Aunque está bien ser independiente, no es malo necesitar de los demás, empieza por compartir, un poquito de todo.
- Asume el riesgo a equivocarte, y porque no hacer un poco el ridículo, participa de actos sociales y no te quedes en la esquina observando y categorizando.
- Céntrate en proyectos que te agraden, que te den satisfacción ¡es fácil! vive un poco tus sueños.
Todo ello te permitirá abandonar tu miedo básico: ser ignorante e incapaz de entender y vivir en el mundo. Comprendes que cultivando la presencia de tu cuerpo reduces tu subjetividad, adquiriendo más confianza y seguridad en ti mismo, saboreando el placer de interactuar con otras personas.
Al vivir tus sentimientos con los otros empiezas a vislumbrar la felicidad.
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